martes, 7 de mayo de 2013

OBEDIENCIA


 ¡TE LO REPITO MIL VECES Y SIGUES SIN HACERME CASO!

El tema de la obediencia en el seno familiar no es tan simple como parece. 

Lo convencional e ideal sería: padres que mandan e hijos que obedecen, sin embargo, esto hay que matizarlo. 

Saber cuándo y cómo regañar a un niño desobediente no es fácil

Lo primero que hay que considerar es que por lógica a nadie le gusta obedecer, si eso implica realizar una o varias acciones que no nos agradan. De ahí deberíamos comprender que cuando los padres ordenan algo a sus hijos, éstos tiendan a desobedecer porque les apetece más hacer otras tareas de su agrado.

Esto nos pasa a todos y, por tanto, deberíamos de aceptar los hechos, sin asustarnos ni enfadarnos por ello. Otra cosa diferente es que no cumplan porque no les apetece.

En segundo lugar, sería oportuno exponer que la obediencia es la principal área en la que, de hecho y sin quererlo, se trata de dejar claro quién tiene el poder. Los padres tratan de hacerlo a través de las órdenes y los hijos intentan negarse, dando a entender que ellos también tienen sus razones. En esta lucha, como en todas, unos y otros tratarán de imponer su dominio.

En el extremo, están aquellos padres que se exceden imponiendo sus normas, e hijos que imponen también sus apetencias. Aunque no lo parezca, éstos últimos no mandan
con voces ni imposiciones pero sí saliéndose con la suya, o ¿acaso eso no es mandar?

 ¡Cuántas veces habré escuchado de los papás frases como estas!: “no obedece”, le tengo que repetir las cosas mil veces y nada, como si oyera llover”, “parece que sea sordo, no escucha”, “para lo que le interesa bien que obedece a la primera”.  El objetivo de este artículo es que los padres que os reconozcáis en esas frases introductorias, podáis poner en práctica algunos consejos o medidas para solventar esos problemillas de obediencia tan cotidianos.
¿Por qué desobedecen los niños? Los niños y niñas no nacen desobedientes, la obediencia y la desobediencia son conductas que se aprenden aunque el aprendizaje sea más difícil en unos/as niños/as que en otros/as.
Muchos niños que desobedecen han aprendido que hasta que papá o mamá no me lo repite 6 o 7 veces, no obedezco. 
Por ejemplo: mamá desde la cocina, grita una orden: “apaga la tele y haz los deberes”. Por supuesto, el niño o niña sigue haciendo lo que le gusta sabiendo que mamá lo va a repetir varias veces más y sólo hasta que oyen a mamá que llega al salón como un miura, es cuando obedecen. Tanto los hijos como los padres, saben que eso se repite en la mayoría de veces que les da una orden, por lo tanto, responden cuando ven que “ahora sí que va en serio”. Lo habitual es que en ese punto la madre o padre esté echando humo por la nariz, diciéndole al niño lo malo que es y lo mal que se porta y olvidando que los padres somos los responsables de que el niño aprenda una manera alternativa de comportarse.
Además, en ocasiones, la desobediencia es un modo de atraer la atención de los adultos. Los niños y las niñas deben obtener más atención por obedecer que por desobedecer SIEMPRE.
Hemos dicho que los niños no nacen desobedientes y que la obediencia y desobediencia es una conducta que se aprende, así que, ¿cómo aprendemos a comportarnos?
Las conductas que los niños (y también los adultos) muestran, dependen de las consecuencias que estas conductas producen, es decir, los comportamientos o conductas que obtengan consecuencias positivas, tenderán a repetirse en el futuro. Igualmente, las conductas que producen consecuencias negativas, tienden a reproducirse con menor probabilidad.
Este principio básico de aprendizaje es el que seguiremos a la hora de modificar las conductas de desobediencia de los niños
  • Desobediencia: ¿qué hacer?. Es necesario registrar durante un periodo de tiempo por ejemplo una semana el número de veces que el niño o la niña se niega a obedecer. Si el niño o la niña realizan el registro o colaboran en el mismo es mucho mejor para los futuros resultados de la intervención.
  • Elegiremos las instrucciones o normas a las que consideramos más urgente que obedezca.
  • Es necesario informar al niño o la niña de los progresos en obediencia, trasmitiéndole confianza en que puede conseguirlo, y que si le exigimos, es porque sabemos que puede hacerlo.
  • Plantear un plan de premios que podrá obtener por obedecer (tiempo de juego, salidas o pequeños regalitos) y las consecuencias negativas (castigos) que puede tener por desobedecer (eliminar un privilegio, no ver TV...). Pero los reforzadores más importantes para niños y niñas son; el cariño, la atención, las sonrisas y la aprobación de los adultos que le rodean.
  •  La exigencia a obedecer debe ser gradual. Se debe comenzar por cosas a las que le resulte fácil obedecer para que podamos premiarlo/ a por ello sobre todo con nuestra atención, para que “le coja gusto o le compense ser obediente”.
  • Asociar la obediencia a las tareas cooperativas “yo escribo mientras tu haces las tareas, recogemos juntos...”, Realizar actividades juntos no significa hacerlo por él o ella.

DAR ÓRDENES DE MANERA ADECUADA
  • Distinguir órdenes de peticiones: las órdenes están referidas a normas y responsabilidades básicas del niño; las peticiones son más bien favores o caprichos personales, que de alguna manera pueden o no cumplir.
  • Reducir el número de órdenes: se dan de una en una, a mayor edad se pueden ampliar.
  • Orden clara: el niño tiene que saber perfectamente lo que debe hacer.
  • Dar la orden con seguridad y contundencia: tono de voz firme, sin dar alternativas.
  • Dar la orden cerca del niño, mirándole y asegurándonos de que nos está escuchando.
  • Si el niño no quiere o no obedece: no ceder porque la próxima vez tampoco lo cumplirá.
  • Obligarle adoptando medidas: llamarle la atención (máximo tres veces) y si aun así no lo hace, adoptar alguna de las medidas que exponemos a continuación.

MEDIDAS ESPECÍFICAS SI SE INCUMPLEN LAS NORMAS O LAS RESPONSABILIDADES
1. Recordar la norma o responsabilidad
2. Regañar: con buenas palabras pero contundentes y a la vez explicarles cómo esperamos que actúe.
3. Sufrir las consecuencias.
4. Sobrecorrección: repetir lo que no ha querido hacer o reparar el daño realizado.
5. Retirada de privilegios: suprimir temporalmente objetos o actividades agradables.
6. Tiempo fuera: retirar al niño a un sitio aburrido, sin ningún estímulo, pero seguro y que no le de miedo. Estará tantos minutos como años tenga. Previamente el niño debe conocer que el tiempo que va a  estar allí es limitado. Si se escapa, se le hará volver y  se le penalizará con un minuto más. No comentar lo sucedido.

Para rematar, otro consejo respecto a este tema sería el "no mandar por mandar".
No dar órdenes intrascendentes e innecesarias. Muchas veces son nimiedades que es mejor olvidarse de ellas.Las órdenes verdaderamente secundarias es mejor.


Os animo a que pongáis en prácticas estas estrategias, aún si vuestro hijo es muy pequeño, ya que los límites y las normas deben aplicarse en todos los niveles de desarrollo de los niños.



 http://psicologo-infantil-zaragoza.blogspot.com.es/2013/05/obediencia-te-lo-repito-mil-veces-y.html
http://www.bekiapadres.com/articulos/ninos-desobedientes-como-mandar-hijos/

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